Érase una vez, en una mañana brillante, un elegante caballo trotaba por un camino polvoriento, con su brida reluciente y su silla adornada con tachuelas brillantes. Delante caminaba un modesto burro llevando un sencillo bulto.
'Hazte a un lado', dijo el caballo, sacudiendo su melena. 'Tengo prisa y soy demasiado importante para esperar.' El burro se apartó del camino en silencio y lo dejó pasar.
Más tarde esa tarde, el burro vio al caballo de nuevo. El sol estaba caliente y el camino estaba lleno de gente. Ahora el caballo cojeaba bajo una carga pesada.
Su jinete tiraba de las riendas, y las correas elegantes lastimaban la piel del caballo. El burro sintió un poco de orgullo, pero luego decidió ser amable.
El burro empujó a su granjero, quien movió parte de la carga pesada del caballo al burro. Ahora ambos podían caminar mucho más fácilmente.
'Gracias', susurró el caballo. 'Pensé que una silla bonita significaba una vida fácil.' El burro respondió, 'Mejor un camino sencillo y pasos seguros que un asiento vistoso que trae problemas.'
Caminaron juntos hasta el pueblo. El caballo ya no presumía, y el burro ya no juzgaba. Se habían convertido en buenos amigos en el largo camino.
Siempre que se encontraban en el camino, se daban un amistoso saludo con la cabeza. Recordaban que ser seguro y amable importa mucho más que lo que llevas puesto.








